LA CIUDAD DIVERSA CONVERSA

TRABAJO DECENTE PARA LOS INDECENTES

Mayo 7, 2008 · 1 comentario

WILSON CASTAÑEDA CASTRO - DERECHO LGBT - castanedawilson@une.net.co.

El pasado 1 de mayo; asistimos nuevamente a las masivas manifestaciones de ciudadanos y ciudadanas exigiendo como lo señala el artículo 23 de la declaración universal de los derechos humanos “que toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias del trabajo y a la protección contra el desempleo”. Y aunque de manera vehemente y contraria a los derechos humanos la seguridad democrática en Colombia propende por la flexibilización laboral, la deslaborarización del empleo y la desaparición de las garantías sociales de los trabajadores, es más fuerte la exigencia de los Colombianos que ajenos a las estadísticas oficiales del gobierno, están tocando los cordones de la miseria, sufren la carestía de los productos de primera necesidad y la precarización de la vida laboral en todos sus aspectos (Salud, Educación y Recreación); sin embargo, extraña que en este ejercicio ciudadano, al que se unen obreros, empleados públicos, docentes, trabajadores de la empresa privada, sindicalistas, empleados del sector bancario, estudiantes, desempleados, víctimas de contratos de prestación de servicios, grupos de mujeres, desplazados, iglesias, entre otros; no aparezca, o sea a penas un asomo la participación y la exigencia de la población LGBT por el derecho al trabajo digno y decente, cuando allí tenemos mucho por hacer y ante todo por exigir.

Las consignas, todas diversas según su procedencia, coincidían en una cosa: Necesitamos un trabajo decente, y si bien es cierto que luchamos por una inclusión derechos y un trato en igualdad de condiciones ciudadanas, no podemos olvidad que de los sectores sociales y poblacionales es el nuestro uno, sino es el mas, excluido por el derecho al trabajo, por presentar altos índices de trabajo indecente y más allá de ese cuento de cajón que los Homosexuales (refiriéndose casi siempre solo a los gay) sin exitosos y ricos, no deja ser una fantasía, pues si bien algunos con justos meritos han alcanzado unos trabajos decentes; la mayoría de nosotros y nosotras somos victimas de una doble discriminación: por nuestra orientación sexual y por la falta de oportunidad del acceso al trabajo; particularmente las mujeres lesbianas y los hombres y las mujeres transgeneristas( en una ciudad que lo poco que ha asumido de cultura de la homosexualidad lo refiere a lo masculino) que en su orientación sexual, son marginadas de tres maneras; primero, el no acceso o dificultad para acceder a un empleo, pues existen incluso protocolos de entrevistas que nos excluyen sin medir nuestras capacidades profesionales y humanas; segundo la falta garantías de un empleo digno; pues muchos y muchas de los que alcanzan un empleo viven con cierta presión por su condición, que se expresa en su silencio o constante vulneración, imposibilitándoles realizarse como personas también en su trabajo; y en tercer lugar los pocos referentes sociales para generar bienestar para ellos y para quienes la rodean, son casi nulos, pues en la vida social de la empresa, no pueden participar con las mismas consideraciones que lo hacen los demás trabajadores por su sola condición heterosexual, como acceder a los subsidios para sus consanguineos, a los programas educativos y a los créditos familiares.

Más allá de la vida nocturna y céntrica que se le ha querido dar a la población LGBT en Medellín, son muchas las historias cotidianas que escuchamos los defensores de derechos humanos de hombres y mujeres LGBT que en la mayoría de las veces cuando buscan empleo en las empresas y fábricas apostadas en la ciudad tanto públicas como privadas tiene dos opciones: o negar su condición sexual y mantenerse en eterno silencio, para no ser discriminados o ridiculizados por sus compañeros de trabajo; o revelar su orientación sexual y asumir un rechazo inmediato o progresivo en su empleo; desconociéndoles sus potencialidades laborales, sus atributos personales y sus capacidades profesionales. Y allí vienen las anécdotas: chistes de doble sentido que hay que resistir, comportamientos y manías relacionadas con el genero que hay que asumir; disimular concepciones y visiones por el temor a ser descubierto; vestir con…o sin…para no levantar sospecha, en suma, lo laboral para muchos y muchas de la población se convierte en una vida indecente, o en ocasiones inhumana.

Tengo fresca mi conversación hace algunos días con un grupo de Travestís de la zona “T” y de Rojas Pinillas en la comuna 10 de Medellín, todas dedicadas al trabajo sexual; con los riesgos que esto implica para ellas en su integridad personal y física: abuso de la fuerza pública, control de las convivir, maltrato físico por sus clientes que las seducen y luego las castigan, como ejercicio “ejemplarizante” para la sociedad; exposición a múltiples enfermedades de transmisión sexual; falta de una remuneración digna; y contrario a lo que muchos creen que están allí por libre opción; la mayoría confiesan que anhelan otras posibilidades para ganarse su sustento diario, con dignidad sin renunciar a su orientación sexual; pero que la falta de oportunidades laborales, o la prohibición de realizar su trabajo en el pleno reconocimiento de su transexualidad, las excluye de entrada de cualquier plaza laboral, dejándolas reducidas vergonzosamente a la inutilidad laboral, a la indecencia; entendida como la vida indigna y vituperable

Este mismo dia del trabajo, el Concejal Ballesteros del Polo Democrática Alternativo; propuso el Proyecto de acuerdo sobre el trabajo decente en Medellín; que garantice no solo que se ofrezcan contratos dignos y con todas las garantías que contemplan los tratados Internacionales, la legislación Interna y las sentencias de la Corte; sino que también se eduque y capacite para el empleo digno y para el ejercicio del derecho al trabajo a todos los cuidadnos y ciudadanas de Medellín buscando la aplicación de los principios constitucionales del derecho laboral consagrados en el articulo 53 de la carta política. Este acuerdo; busca que, si en Medellín queremos hablar de calidad de vida, es necesario la eliminación de los falsos contratos de prestación de servicios o irregulares asociaciones cooperativas que vulneran y amenazas a las personas, para generar verdaderos vínculos laborales, que en la aplicación de la discriminación positiva generen acciones sociales desde las empresas públicas y privadas que no violen los derechos laborales a ningún ciudadano independiente a sus condiciones personales; y una formación permanente en el reconocimiento y la valoración de la diversidad en la sociedad, como un gran aporte a los derechos laborales.

Llamamos a la población LGBT de Medellín que rodeemos esta iniciativa; pues si bien es loable, no tiene claridades frente a las características de la discriminación en la ciudad; Y si aboga por un trabajo decente, de inmediato nos preguntamos ¿Quiénes no trabajan decentemente? O más bien ¿a quienes se les niegan condiciones de trabajo decentes en la ciudad? Y aunque la lista es grande, empezando por los contratos de prestación de servicios y pasando por las cooperativas de trabajo, que son inhumanas y explotadoras, es necesario dejar claro en el proyecto que una de las tendencias con las que más se genera indecencia en el trabajo indecente y precario en Medellín, es la discriminación poblacional, por raza, por género o por opción sexual.

Además, tenemos allí otro reto; A principios del año el alcalde Salazar, invitó a una franja de pobladores del centro de Medellín, jóvenes en su mayoría que se dedicaban a al mendicidad, a las bandas emergentes o al negocio de la droga a capacitarse y ahora están en un proceso para la consecución de un trabajo digno. Que bueno pedirle al Alcalde en este mes de mayo, en el que con actos simbólicos y académicos proponemos la erradicación de la homofobia, lesbofobia y transfobia, como conductas que desconocen nuestra condición de ciudadanos de derechos en Medellín; que como acto público de su compromiso con la población LGBT, como lo dejó consignado en su plan de Gobierno, genere programas y acciones inmediatas para la formación para el empleo digno y cualificado particularmente para la población lesbico femenina y Trasgenerista femenina y masculina de Medellín que son discriminadas, en una ciudad que no les da oportunidades y su desempleo y discriminación no les da condiciones de vida decente.

Pues bien, si no marchamos el 1 de mayo, hagámoslo ahora por que el derecho al trabajo también es nuestro derecho.

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