WILSON CASTAÑEDA CASTRO – DERECHO LGBT – castanedawilson@une.net.co.
“La Cosmovisión se da solo si concuerda
lo que se piensa, se escribe, se reflexiona con la vida cotidiana concreta”.
LEON ZULETA Y RUIZ
SEMAS Y PLEBES
Pese a los balances poco alentadores que se hacen por estos días en referencia a mayo del 68, como el ocaso de un falso poder, o la imagen de un sueño bohemio de escolares, que en una revuelta buscaron cambiar el mundo pero se dieron cuenta que no debían ser tan ilusos… parece no tener ninguna retaliación ante acciones y posiciones tan autoritarias con las que hemos crecido en este país, donde soñar es de inútiles y luchar por utopías… de imposibles. Aquí si que es inverosímil que la ilusión se tome el poder, pues la experiencia de una patria que se quedo en la etapa de la regeneración muestra que le ha sido más fácil a la ilegalidad, la corrupción e incluso a las armas asumir el poder, porque por ley general no se retribuye el bien, y la honestidad es de pendejos.
Seguramente si los Estadistas y guerreristas hacen un análisis a las consignas que los revolucionarios construyeron para la ocasión, dirán de inmediato que no eran sinónimos de poder, no desafiaban al enemigo, ni proponían otro escenario político. Lo que en aquellos días le daba otro color a las calles de Paris con exuberantes graffiti: “Hagamos el amor y no la guerra”, “la Ilusión se toma el poder” “no determinen nuestros cuerpos” “el que habla del amor lo destruye” “nuestra esperanzan viene de los sin esperanza” “tenemos derecho al estado de felicidad permanente” “prohibido prohibir” “la emancipación del hombre será total o no será” “desabrochen el cerebro tan seguido como la bragueta”, entre otras; si bien no incitaban a la guerra, como las acostumbradas diatribas nazistas, los improperios fascistas o la perversidad yanqui. Estaban cargadas de un nuevo alo, que mucho incluso hoy no quieren entender; y es que mayo del 68, fue, es más, es la única revolución de la modernidad, porque dejo atrás las viejas practicas medievales y doctrinales de amigo – enemigo, de vencedor – vencido; de destrucción y aniquilamiento que se estaba instaurando con la formula de la guerra fría, para dar paso a una nueva acción revolucionara, no guerrerista, a una acción pacifista y no violenta: no a la destrucción, si a la transformación; ante todo la autonomía y la libertad; pues más que tomarse el poder…los estudiantes querían transformar el poder, por eso la metáfora de la “ilusión”, que se asemeja como dice Habermas a un aliento de grandeza y a la vez de nobleza que quería y quiere penetrar a todos, generándonos una felicidad contagiosa.
Poder como ilusión, transformación como senda y amor como meta; es el mensaje que muchos no quiere leer en mayo del 68 y por eso dicen que ha fracasado; pero es que la ilusión no es sinónimo de lo inalcanzable; ni la transformación ideal de perfección cristiana y mucho menos el amor no es un fracaso en la conquista más genuina del hombre. Ilusiones, transformaciones y amor es lo que cada uno desde dentro queremos hacer y desde donde queremos construir nuestra vida cotidiana; sin embargo una sociedad con lógicas belicistas, cambia la ilusión por el conformismo, la transformación por el sometimiento y el amor por la desconfianza; por eso mayo del 68, es visto por algunos como una “simple pataleta estudiantil”, de la que ya incluso se han olvidado
Pero donde si caló la semilla de la revolución moderna, aunque todavía en proceso de germinación ha sido en los movimientos sociales, que desde la sociedad civil se han constituido en agentes colectivos en búsqueda de ideales que quieren hacer realidad o con la intensión de frenar un proceso de destrucción o menoscabo para la comunidad, en harás de lograr, vía la presión social y política, un cambio social fundamental. Y es a partir de esta década, donde los movimientos sociales rompen con su ejercicio tradicional y se convierten en vanguardistas, creando nuevas estrategias de acción generando integración social de todas las manifestaciones que hoy asumen los seres humanos; mostrando que otro mundo si es posible, un mundo, donde el poder este en la razón y no en la violencia, el mando no es dado por los fusiles sino por la palabra y la cotidianidad este cimentada no en procesos esclavistas y dominantes, sino en asuntos concertados donde la diversidad sean la bandera y la libertad la lucha por conquistar.
Y aunque atrás quedaron ese cúmulo de experiencias populares, que de una a otra parte del mundo tuvieron su apogeo en mayo del 68, como las revueltas de Praga, de los estudiantes y obreros en España, de los campesinos Norteamericanos, por la guerra en Vietnam; movimientos civiles Americanos, la represión del movimiento estudiantil en México, fuertes movimientos obreros y campesinos que condujeron a Allende al Poder en Chile y la extensión de la segunda generación del movimiento de liberación nacional con expresiones como los Tupamaros, Sendero Luminoso, Los Sandinistas, los Monteros, entre otros en América latina; el frente Polisario en África y la conformación del movimiento de Liberación Palestina en el Oriente medio. Fueron el impulso y caldo de cultivo de los nuevos movimientos sociales todos ellos con un propósito común: la búsqueda de profundos cambios de la estructura social, y el reconocimiento del agotamiento de la política disciplinante y normativa, y la necesidad de una política libertaria y respetuosa de las diferencias.
Y de allí que una “simple rencilla”, para exigir derivar los muros que separaran arbitrariamente la vida de las mujeres y de los hombres en la Universidad Parisina de Nanterre, mas allá de cualquier asomo de morbosidad, estaba contenida de un fuerte sentido simbólico: “el poder determinar por los cuerpos y sus relaciones”; desde una revolución donde en perspectiva de ilusión y utopía, el poder acerca los cuerpos como lucha por el reconocimiento, y la autonomía y la libre decisión generan el sustento para el respeto a la dignidad humana. Por ello podríamos decir: la revolución de mayo del 68 gestó una nueva política sobre las banderas de la libertad sexual, de la autonomía sobre los cuerpos y la identidad.
Una de las riquezas en las acciones sociales y simbólicas bebidas de esta iniciativa utópica estudiantil, fue la renovación o la consolidación del muchos movimientos sociales, particularmente de hombres y mujeres que por el poder militar, legal y doctrinero eran humillados, desconocidos, condenados o ignorados; como los Afro descendientes, los Indígenas, las Mujeres, los Gitanos, pero entre ellos me parece de singular significado la fuerza que toma el movimiento Homosexual, hoy identificado en el ejercicio de la no exclusión y en las particularidades afirmativas como la población LGBT (Lesbianas, Gay, Bisexuales y Transgenerista)
Bastó solo un año para que vertieran los efectos en aquellos históricamente excluidos por su condición sexual: en junio de 1969, fue en Stonewall, un legendario bar. de Nueva York, donde de manera clandestina se reunían los hombres homosexuales a liberar sus represiones denunciaron públicamente las represiones y extorsiones policíacas dando inicio a lo que hasta nuestros días se ha llamado como el “orgullo Gay” lanzando a la sociedad el mensaje de que los Homosexuales ya no están dispuestos a seguir tranquilizando a la sociedad Heterosexual que les restringe sus libertades ni a ocultarse ante los señalamientos. Y si bien, este acontecimiento no representa los inicios del movimiento de liberación homosexual, que ya un centenario atrás había tenido unas primeras manifestaciones con el las acciones del médico Húngaro Benkert, quien en un comunicado dirigido al Ministro de justicia, en proposición a la exclusión y a la sanción penal que significada el homosexualismo, argumento que el Estado no tiene que meter las narices en los dormitorios de los ciudadanos defendiendo abiertamente las practicas homosexuales y liderando acciones en las que continuamente protestó que las represiones de los Estados a los homosexuales amenazaban su libertad personal, en esta ocasión, post mayo del 68, se fortalece esta iniciativa en perspectiva de lucha por sus derechos integrales.
Han pasado cuatro décadas y pasamos de un tímido asomo del nombramiento de lo “homosexual” a una cultura de lo gay-Light, que para nada manifiesta los ideales de un movimiento social, ni mucho menos de una revolución sexual, es más producto de las tendencias esnobistas de la postmodernidad; sin embargo, no podemos negar que durante estos cuarenta años, son muchos los logros que la diversidad sexual ha conquistado: el reconocimiento de las particularidades l-g.b-t-; las luchas por los derechos humanos integrales, los derechos de las parejas del mismo sexo, la lucha por la libertad de expresión y de decisión, la exigencia de la no exclusión, el lenguaje incluyente… y aunque son los inicios de una ardua tarea donde queda mucho por hacer, es la expresión más clara que la ilusión si se puede tomar el poder, porque hoy tenemos grupos, personas, lideres, liderezas, procesos en el campo internacional, nacional y local que luchan por una ilusión y están haciendo realidad esa ilusión con leyes, pronunciamientos, políticas, cambios de imaginarios, acciones afirmativas; pero sobre todo con la visibilización, la exigencia y el reconocimiento , con la libertad de actuar y el poder de decidir.
Pero esto es el inicio de un proceso, aún queda mucho por hacer, hay luchas pequeñas y grandes que conquistar; pero sin duda la más importante y significativa es reconocernos en nuestra identidad y movilizarnos todos y todas desde nuestras particularidades a contribuir en transformar la sociedad construyendo movimiento, desde las acciones políticas y culturales en los espacios donde incidimos, para que rompiendo los muros de la homofobia y la exclusión que nos dividen y marchando por la dignidad de nuestra identidad sexual sean muchos los mayos del 68 y los junios del 69, que le permitamos gozar ha esta sociedad ávida de revolución y de profunda transformación.
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