El cine, otra vía para salir del armario………………. Un espacio perpetuo donde las razones y los delirios se descubren posibles

A propósito de los 10 años del Ciclo Rosa


Las historias del cine han posibilidado lenguajes e interacciones favorables para la convivencia en las diversidades sexuales

-       No fui capaz de aguantarme las lágrimas.

Salíamos de ver la película Hermano sol, hermana luna, sobre la vida de San Francisco de Asís. Los ojos de Deo, -así le decíamos el grupo de amigos a Deogracias Torres, se notaban enrojecidos. Se llamaba gracias a dios, por el reconocimiento de su madre al creador, luego del parto difícil de su único hijo. Todos habíamos llorado. Pero él, por cierto el único de la gallada de pelaos que se definiría heterosexual con el tiempo, fue quien se  atrevió a reconocerlo. Para el resto, la cultura de machos fuertes e insensibles, ya nos podía a pesar de la corta edad. No superábamos los 12 años. Al cura Leo, le había dado por programar una película cada mes, en su afán de cultivarnos el gusto por el las bellas artes y el lenguaje. Se convirtió de entrada en la noche anhelada. Los rollos llegaban de donde Las Paulinas, en el último viaje de la jaula, en cajas grandes. Y en los días previos, antes de que exhibieran el afiche de rigor, jugábamos a adivinar con qué tipo de cine nos sorprenderían.
Parte del encanto era ver, como los montaban en una aparatosa máquina reproductora, como de tres cuerpos circulares. Al apagar la luz, el polvo comenzaba a circular a través del reflector y en medio de la oscuridad. Y a veces, el caos lo generaba el enredo de la cinta a media película. El padre Leo se ponía ansioso. Comentaba, que se podía prender la como consecuencia del rose y del calor. Pero esa noche, salvo las abruptas encendidas de la luz durante los cambios de rollo, que nos encandelillaban los ojos,  la historia había transcurrido sin percances.
El silencio al final era total. La trama nos había tocado a todos. Y era evidente por las sonrisas y la algarabía, que todos teníamos sobre sí, el toque mágico de la fantasía. El límite entre las realidades del cine que acabamos de experimentar y las de infantes aun soñadores, no se diluía fácilmente, menos en esta ocasión en que nos parecía que, como el santo de Asís, teníamos el don perpetuo de conversar con los animales y hasta con dios. La magia del cine nos había atrapado a plenitud, pero además, en mi caso particular, con mayor razón por ser la primera vez que, en mi incipiente imaginario de niño homosexual, había visto un hombre totalmente desnudo. Así se tratará de un santo.
Estos primeros acercamientos al cine, daban cuenta ya de lo importante que esta ventana hacia la fantasía, sería para mi vida y para la de otros muchos hombres homosexuales. Esa posibilidad de vivenciar en otras dimensiones, desde otras existencias, las de la pantalla gigante y a oscuras, esas situaciones de la vida gay, la mayor de las veces, complicadas o imposibles para la realidad. Las salas de cine, en especial las de los rotativos, fueron en su media luz, el escenario para soñar despierto y, más allá, de propiciar algunos encuentros furtivos de amores y desamores, o de solo roces sexuales, me permitieron escapar siempre hacia mundos posibles, donde esas fantasías se hacían realidad.
Luego fue la moda de los cineclubes, o los teatros de cine selecto, donde uno se encontraba en la fila a parejitas discretas de hombres o de mujeres, que veían en los teatros cultos y en el buen cine, un escenario para salir del closet, al menos por el tiempo mismo de la cinta. Muchas veces, a la salida del teatro, uno se encontraba, como en la escena de Deogracias y de los compañeros gamines de Ciudad Don Bosco, ojos enrojecidos por los efectos de haberse transportado a esos otros escenarios, no siempre directamente gay o lésbico, pero que permitían otras miradas diversas para la fantasía.
Los aprendizajes de sexualidad al ritmo musical de John Travolta en Brillantina y Fiebre de sábado por la noche, o de Flashdance, entre muchas otras de este estilo, incluidos los iconos del momento para los adolescentes gay, Menudo. Y posteriormente, el amor frustrado de Las Cosas del Querer, el viacrucis de ver morir los amigos de sida con “Juntos para siempre”, la búsqueda de la justicia en la misma línea del sida con Philadelphia, la magia de ser encantadoramente diferente a través de Amor extraño, o de buscarle salida a las incertidumbres con Su otro amor, o de gozarse el patetismo de una madre alcahueta y controladora como en Doña Herlinda y su hijo. Películas de cuya inmersión uno saco  ideas y fuerzas para movilizar luego en el activismo. Para generar nuevas formas del lenguaje, para referirse como ejemplo al decir….como en tal película, eso es posible.
El cine entonces, aun disperso, permitió avanzadas para salir del closet y fue la posterior  llegada, hace 10 años, de un ciclo relacionado exclusivamente con las temáticas de diversidad sexual, Ciclo Rosa, en homenaje al cineasta  Rosa Von Praunheinm, que potenció esos aprendizajes y vivencias. Todo un ciclo. Múltiples ventanas y en simultanea a varias horas del día, nos fueron contando historias de esa muchas maneras de lo diverso en la apropiación del cuerpo, del genero y de la sexualidad. Escenarios donde habitaban personajes como uno, con historias como las de uno, amores y desamores como los de uno y miles de sueños o desesperanzas como las nuestras LGBT. El Ciclo Rosa, ahora regado por muchas regiones del territorio nacional,  se convirtió en una buena escusa, en una razón de altura, para conversarnos y respetarnos diversos. El cine nos equiparó en mucho con las discusiones de respeto por la vida en el mundo.
Lo último que supe de Deogracias, fue que lo mataron en un enfrentamiento con las guerrillas, mientras pagaba su servicio militar. Apenas rondaba los 18 años. Pero a él y al grupo de loquitas incipientes con que me relacione en el internado, los recuerdo a diario en cada cinta, en cada historia que me sobrepasa el alma y los sentidos. Allí, después de las incursiones al cine del cura Leo, aprendí, como niños, a soñar con lenguajes para conversar con dios y la naturaleza. Pero luego el cine me entregó y me sigue entregando, nuevos lenguajes para conversar sobre mis diversidades y sobre las diversidades de la vida. Y en los muchos ojos enrojecidos por el brotar de lágrimas de tristeza o de alegría, me encuentro a menudo con los de mi amigo Deo. Quizá deba recordarlo diciendo su nombre: Gracias a dios, por la magia que el cine sigue posibilitando, en especial para nosotros los maricas.

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