Como siempre: ¡no hay muerto malo!…no faltará el que sostenga que Monseñor Alfonso López Trujillo fue un santo

Mitos, mitos, mitos. Un uso popular que suele esconder nuestros temores. Fueron los soportes, sumados a una extrema endofobia para con sus pares homosexuales, lo único que motivó y sirvió de justificación a las luchas rastreras de monseñor Alfonso López Trujillo en contra no solo de las diversidades sexuales, sino también de toda manifestación libertaria desde la vida o las autonomías sobre el cuerpo y la sexualidad, esas que no fue capaz de manejar. Terminó camuflándose de cura, un cura perverso y poderosamente manipulador (los dos últimos papas estuvieron bajo su maquiavélica orientación), desde cuyas sotanas generó la peor de las mafias vaticanas, hoy reinante. Una prueba más, lo ha referido magistralmente Fernando Vallejo, de que Colombia frente a ejemplares como este, se enarbola como la más poderosa fábrica de mafiosos, de hijos de puta, sobre el planeta Tierra.
Menos mal, la vida a todos y todas nos retorna al polvo de donde venimos, lástima que en el camino algunos dejen tanto daño y que con las muertes se silencien o nunca se lleven a cabo los juicios. Especialmente aquellos escondidos tras las sotanas y pasillos de la Iglesia Católica.
Mitos, mitos, mitos que son verdades dichas con temor y como rumor para evitar ser desaparecidos por las mafias que menciono. Pero mitos que gritan verdades como que este país estaba plagado de parapolítica, hoy verdad innegable, o que en Medellín los jóvenes se preparaban en escuelas de sicarios para Pablo Escobar, que luego se destapó como la peor de nuestras crisis, menos mal en retroceso, o que los ejércitos guerrilleros mandaban en grandes zonas de nuestros territorios, y que luego pasaron, y están en manos de los ejércitos, camuflados o de civil, de los paramilitares. Lo que el Gobierno llama seguridad democrática.
Mitos, mitos, esos mismos mitos, nos vienen contado hace muchos años sin que la Santa Iglesia se dé por enterada, cosas tan banales como que el anillo de cardenal de monseñor López se lo dio Pablo Escobar, de puro oro y no de lata como el que le entregan al resto en señal de humildad, pues era él quien le bendecía sus capillas privadas en honor a la patrona de la mafia, también de muchos paras, María Auxiliatrichi; y otras tantas no tan insignificantes como el robo de reliquias históricas en la Basílica Metropolitana, desde donde reinó durante muchos años, cambiadas por réplicas baratas. Y otras realmente graves, como las peores violaciones a menores, adolescentes como los de Pablo, ansioso de poder y dinero, un asunto común en nuestra cultura, a quienes Monseñor cargaba cada fin de semana en sus majestuosas camionetas de vidrios polarizados hacia su burdel privado, el seminario de veraneo en Santa Fe de Antioquia. Pelaítos lindos, vestidos con cleriman, como ángeles, para no levantar sospechas.
Mitos que gritan sobre sacerdotes desaparecidos, desvinculados de la Iglesia o arrinconados en parroquias muertas, por haber visto o por poner en duda las legalidades de su Monseñor. Uno de ellos reside en una humilde casa a la entrada de los grandes barrios del sur de Medellín, pero no se atreve a entregar a la prensa el cerro de datos, mesas llenas de documentos, que recopilan las barbaries del Monseñor a lo largo de su reinado. Un cura viejo y fiel a la Iglesia ideal, que se morirá callado por respeto a su fe o desaparecerá sin que se sepa de qué o por qué, como en el caso de López Trujillo, de quien se rumoró hace pocos años lo estaba atacando un Sarcoma de Kaposi generado por el virus del vih. Por respeto a quienes no quieren ser señalizados en razón de ser personas viviendo con el vih, no ahondamos nunca en su diagnóstico, sí en cambio en las maneras como se infectó (http://www.agora.ya.com/gaycolombia2002/cartapapa.htm), seguramente en una transfusión o un accidente. Pues de lo contrario sería validar los rumores sobre sus salvajes jornadas sexuales con jóvenes ávidos de dinero en nuestra ciudad mientras fue el obispo local.
Que se revuelque en su tumba Monseñor, y paz en la de aquellos que lo padecieron y hoy descansan, si no por la aplicación de la justicia, sí porque al menos ya no podrá seguir haciéndole daño a la humanidad y a la vida.

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