Ojo: la peligrosidad de lo trans en el escenario de una identidad gay

A propósito de la transfobia y los crímenes de odio .

“Se constituyen en un atentado contra las construcciones de civilidad, decencia, convivencia, estética y orden”.

Este pareciera ser el presupuesto y argumento con el que históricamente los espacios comerciales de rumba gay en el país, salvo algunas excepciones, se arrogan el derecho a excluir o segregar a las personas transexuales y travestis del común, que buscan esparcimiento libre en sus bares, discotecas, saunas, videos y demás modalidades comerciales de divertimento homosexual masculino.

Y lo traigo a colación por dos razones: La primera, hace aproximadamente un año en una reunión de la Mesa Social LGBT de Medellín y Antioquia, nos llegó, la queja[1] de unas travestis a quienes se les prohibía entrar a algunos sitios. En su momento decidimos llamar y enviarle un correo a Sily[2] para abordar el tema. Muy amablemente, nos contestó desde Europa a través de una llamada al programa radial Enlace 96.4 de la emisora de la policía nacional y acordamos una cita, una vez regresara al país. Pero la verdad aun sigue pendiente el tema.

Y la segunda en el mismo sentido, tiene que ver con el escrito reciente de Wilson Castañeda desde la Personería[3] acerca de un nuevo crimen de odio por transfobia en la zona de Barbacoas que dice en uno de sus apartes: Es angustioso saber que cada vez se aumenta el rechazo con los Trans en Medellín por parte de los miembros de su mismo grupo poblacional: hay discotecas y bares que no permiten su entrada, algunos con orgullo exhiben su publicidad como 0 -cero- Travestís”, hay espacios en la ciudad que asumimos para toda la población LGBT, y lo T, ni siquiera lo percibimos…

En momentos en que las Políticas Públicas para la población LGBT -deberían llamarse para las diversidades sexuales, de género y de apropiación del cuerpo-, inician su curso de formulación en algunas de las principales ciudades colombianas o de implementación en la capital del país, suena paradójico que por un lado nos rasguemos las vestiduras pidiendo políticas de inclusión, de respeto y de igualdad en los escenarios de participación ciudadana mientras que por el otro y en contradicción con el discurso de “lideres”, estemos segregando y señalizando como de segunda categoría a nuestros propios miembros del sector, no sólo por trans, sino también por feos, pobres y viejos.

Replicamos contra nuestros congéneres trans, con estas actitudes, las mismas, sino peores, las fobias que sobre nosotros tradicionalmente ha marcado la cultura hetero-sexista y hetero-normativa. Fobias que ellos y ellas fundamentan en que la presencia y manías gay desestabilizan su heterosexualidad. Sería inimaginable que nosotros igualmente, nos estemos previniendo al cerrarle el paso a travestis y transexuales, de que la condición y el estereotipo gay se menoscabe en el compartir con lo trans. Olvidando además, que históricamente han sido ellos quienes más han dado la cara y recibido atropellos sociales, en muchos casos sin serlo, por los homosexuales. A través de sus maneras lúdicas y coloridas, primero y con mayor fuerza han resistido el embate de la normatividad del macho.

Ya había sugerido en escritos anteriores la necesidad de cambiar el lenguaje publicitario en el que se promueve como carne de cañón “el consumo” sexo genital de los más jóvenes, mediante frases como “pollos gratis”, “personas entre 18 y 25 precio especial”, “menores de 20 a mitad de precio” entre muchos otros de ese estilo.

Publicidad donde abiertamente se marca a la homosexualidad con unos parámetros prioritarios exclusivamente de consumo: belleza, juventud, moda y genitalidad,  que ratifican el imaginario cultural tradicional de que los gays y las lesbianas somos seres banales, corruptores de juventudes y putos -lacras sociales- en contravía a nuestras luchas políticas de inclusión y de una participación ciudadana, desde la igualdad como personas. Además, de tipificar en estas proyecciones comerciales una calidad de segunda clase para los homosexuales adultos mayores y los de menores recursos económicos, por fuera de las categorías de inclusión, excepto, para aquellos con algún poder adquisitivo, como proveedores económicos o consumidores, por dinero, de cuerpos jóvenes. Caldo de cultivo, esto último, para asesinatos y maltratos por odio y homofobia: “Como no odiar y querer matar a quien me obliga, por dinero o poder, a tener sexo con él”, comentaba un joven en situación de prostitución durante una entrevista en contra de las homosexualidades en el escenario mediático de la discusión de la ley de parejas en el Senado.

Hoy, mis maricadas van a que además de la promoción del sexo antes que del afecto entre nuestros jóvenes gays, lesbianas y bisexuales, desaparezca también el 0 Travestís” de la publicidad y de nuestros cotidianidades de vida.


[1] A través de Wilson Castañeda Castro, de la Personería delegada para los DDHH en Medellín.

[2] Personaje Trans de gran reconocimiento en la ciudad.

. San Gil Santander, septiembre de 2008.

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2 Respuestas a “Ojo: la peligrosidad de lo trans en el escenario de una identidad gay

  1. La endodiscriminación entre la población LGBT ha sido lo que ha dificultado la construcción de una comunidad clasificada taxonomicamente en la que aún se sigue hablando y empoderando sobre las orientaciones sexuales y no tenemos en cuenta nuestra apuesta social.
    No debemos buscar el respeto y la restauración de nuestros derechos a partir de nuestras prácticas sexuales, muy por el contrario debe primar nuestra apuesta social por nuestra integración a la sociedad colombiana para así vivir libremente nuestra afectividad y erotismo.
    No hablo de inclusión porque eso me significa “acomodarme” en un modelo preestablecido que no reconoce las particularidades de cada persona obligando a la homogenización de comportamientos y rechazando las diferencias que tanto nos enriquecen y que en modo alguno constituyen una amenaza.
    Un abrazo,
    DIANA NAVARRO SANJUAN.

  2. Parece increible pensar que a pesar de los mas grandes esfuerzos por el reconocimiento y la inclusión a partir de la construcción de políticas y leyes que avalen y amparen la diversidad sexual, seamos nosotros mismos quienes no pensemos antes de participar de espacios LGBT, en este tipo de “derechos de admisión”; yo pienso que en cada uno esta el patrocinar o no este tipo de acciones. Estos espacios no pueden segur siendo solo sitios de consumo, para muchas personas del sector son los únicos lugares de esparcimiento y desinhibición.

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