¡Cadena perpetua contra violadores de menores! …¿Y a nuestros padres y mayores quien los condena por su abuso sexual y muerte o complicidad en los crímenes de odio contra menores de las diversidades sexuales?

A propósito del nuevo intento fallido en el Congreso de una ley de parejas .

Imagínense un día, en que se levantan y al encender la radio escuchan a su locutor preferido diciendo que todos tienen que ser homosexuales. Acto seguido los presentadores y los comerciales de la televisión lo ratifican, es la ley. Salen luego a la calle y las vallas y el resto de piezas publicitarias, en su mayoría, están intencionadas en el mismo sentido. Llegan al sitio de trabajo o la escuela y ¡o sorpresa!, el maestro ostenta el mismo discurso de los medios: hay que ser homosexual, es la racionalidad de la vida. Finalmente vas al refugio con dios, a tu iglesia, y el cura o pastor te recibe diciendo: solo los homosexuales podrán ingresar al reino de los cielos. ¿Usted qué siente? Esta reflexión la trabajo como parte de mi trabajo de sensibilización frente a las diversidades sexuales, durante el proceso de capacitación que la Secretaria de Cultura de Medellín esta adelantando con personal del INDER- Instituto de deportes y recreación de Medellín: Intimidad que no intimide. Las respuestas al ejercicio van desde expresiones de rabia, pasando por la sensación de que se está en el mundo equivocado, la risa como evidencia del miedo -pánico diría yo-, hasta la más evidente frustración: desearía morirme o estar en otro mundo

La muerte simbólica que se da, cuando descubro que mis potencialidades vitales y mi construcción de identidad están siendo señaladas, señalizadas, estigmatizadas y por ende impedidas para ser; no difieren mucho de la agresión física que alguien mediante las armas ejerza sobre mi cuerpo. En ambos casos estoy muerto, muerto socialmente. Me toca entonces, para el caso de las muertes simbólicas culturales, tomar dos decisiones muy comunes para nuestra población LGBT: suicidarme, ya sea de manera directa o a través de vías que pueden llegar a ser mas largas como el sida, el licor, las drogas, la prostitución, la delincuencia, la exposición a la calle, el desamor propio, entre muchas otras. O como ser marginal, hacerle el juego a la cultura y permanecer en el closet Viendo la vida como una cosa diseñada para el disfrute de los otros. En esta ultima posibilidad, la acogida religiosa juega un papel importante. Me refugio en dios, renuncio al pecado para pertenecer al grupo de sus elegidos o, en ocasiones, para ser el amante acallado pero bendecido de los monseñores o de los pastores.

Esto es tan duro que lo deja a uno sin palabras. Esta atrocidad lo deja a uno sin palabras“, repitió el presidente Álvaro Uribe, no para tocar el tema de las diversidades que trata de esconder con un manto de machos conquistadores en sus hijos y con la complicidad de los medios, si no en una alocución televisada luego de conocerse el asesinato del niño Luis Santiago Lozano a manos de su padre en Suba Cundinamarca. También la voz de las fuerzas del orden hizo un llamado a la justicia: “El país está de luto, su muerte nos acongoja“, dijo uno de los generales, quien agregó que el crimen no quedará en la impunidad. Y congresistas y toda la familia política del país, incluyendo nuestros concejales y diputados, salieron ante los medios a rasgarse las vestiduras en pro de la defensa de la dignidad de los niños: cadena perpetua, dijeron.

Pero en lo que a nuestra colectividad LGBT respecta, una causa de estas, si bien parece sensata y deberíamos apoyarla, presentada como está, de manera parcializada y moralista, se torna en un escenario mas de riesgo social para nuestras integridades. Primero porque todavía hoy a pesar de las campañas y los trabajos que hemos venido haciendo, gran parte de esa Colombia moralista nos concibe en sus imaginarios culturales como pervertidos, pedófilos, acosadores, peligrosos para el modelo masculino en los niños y femenino en las niñas, aunque de palabra digan que nos consideran sus iguales. Los chistes siguen siendo un muy buen reflejo de su manera real de pensar.

Y en segundo lugar, por un par de preguntas lógicas que tendríamos que hacernos como personas LGBT ¿en que modelo o prototipo de niñez están pensando los defensores de la causa? ¿Todos los niños y las niñas, o solo sus niños y niñas heterosexuales? Entonces, ¿A nuestros niños y niñas de la diversidad sexual quien les esta defendiendo sus derechos?

Nosotros maricas adultos, al menos ya logramos sobrevivir, mal o bien pero ahí estamos dando la pelea. Pero a ellos y ellas quien los protege cuando la ley no quiere acoger, reconocer y respetar el derecho al libre desarrollo de la personalidad, al reconocer la igualdad de derechos al amor y la legalidad de las personas con orientación sexual homosexual.

En este caso, la cadena perpetua pedida con fervor para los violadores de menores, se la están imponiendo al tiempo en otros escenarios de la política y del gobierno a los menores con orientación sexual diversa. Por un lado se reprende a los padres biológicos por abuso contra sus menores, pero los llamados padres y mayores de la patria, sin ningún reparo, ni propio ni de la sociedad, ni de los medios, decretan pena de muerte contra nuestros menores diversos al negarles las posibilidades de pertenencia legal al sistema. Su moral extrema, no les permite reflexionar, por ejemplo, que en la población de niñez LGBT, aún no es un asunto de genitalidad, de actos homosexuales, sino de identidades sexuales en formación. No tiene sentido entonces, que por un lado se pregone la defensa de la vida, de las libertades y de los derechos de niños y niñas, proponiendo penas a los violentadores sexuales, y por el otro se aplique el peor de los ejercicios de violencia contra el cuerpo y la sexualidad, al excluirnos de las leyes que como colombianos y colombianas deberían proteger nuestra dignidad y permitirnos una felicidad en la legalidad y la convivencia social.

La violencia no se erige en un fin en si mismo, sino que como manifestación en la historia humana constituye ante todo un medio[1]. Un medio de dominación y de imposición de criterios y de verdades, por fuera de todo principio democrático. De ahí que el abusador, en su acto de abuso, no este mas que demostrando su capacidad de imposición de la fuerza ante el desvalido o la victima. Nombrar, o dejar de nombrar, no es una operación neutral en las prácticas y en los discursos sociales legitimados[2], de ahí que el hecho de que el Congreso se niegue a aprobar una ley a favor de las homosexualidades, debe entenderse como una manera de condena a pena de muerte, a manos de los homofobicos -de validación de la violencia y desde la violencia-. Una muerte simbólica, la ausencia en el derecho, que además sirve de referente, de argumento para que seamos limpiados, desplazados, desaparecidos, violentados en general a manos de los ejércitos legales e ilegales y de la población moralista y conservadora en general. Lo que no se nombra, y lo que no se nombra desde la legalidad no existe y es evidente que el Congreso no nos quiere nombrar como parte de la nación colombiana, en pro de preservar la identidad machista y patriarcal que socavan las miradas abiertas hacia la diversidad de la vida, y en particular de la diversidad sexual.

Las noticias que nos presentan a diario los medios de comunicación a propósito del oscuro panorama de delitos contra la niñez en Colombia que comprende, anualmente, 850 casos de maltrato severo y 200 casos de violación, de los cuales se denuncia menos del 20 por ciento. Con énfasis en que “En el 99.9 % de los casos de violación contra menores el agresor siempre es un familiar o una persona conocida”, no puede quedarse exclusivamente en lo que desde la lógica de la conveniencia para los moralistas se denomina violencia contra los niños y niñas. Si violencia sexual es, entre otras definiciones, cualquier acceso de imposición sobre el cuerpo a favor de los placeres o conveniencias de otros, de los mayores o adultos, pues que es entonces pretender a la fuerza establecer o impedir leyes para que permitan nuestro libre desarrollo de las identidades sexuales y de las decisiones autónomas sobre nuestro cuerpo y nuestra sexualidad. Pretender una Colombia donde solo se ampare y se reconozca a la heterosexualidad como conducta normal, es el peor de los actos de violencia sexual contra los niños y las niñas que apenas empiezan a transitar los caminos de sus individualidades, que apenas comienzan a encontrarse en sus identidades diversas. Protegerlos no puede entenderse como manipularlos ni como conducirlos, ni por parte de los abusadores, ni mucho menos por parte de la ley.

En otro aparte del taller intimidad que no intimide, les pido a los asistentes que recuerden su primer amor, no el de adolescentes sino el infantil. Y que cuenten en que parte del cuerpo sentían ese amor. Evidentemente en segundos no solo recuerdan que fue en las épocas de infancia, cuando empezaban a socializar -en la escuela o el jardín, el vecindario de juegos- y que las sensaciones -mariposas en el estomago, palpitación, entre muchas otras, nada tenían que ver con lo genital. Para eso nos demoramos un buen rato. Y cuando los adultos los sorprenden jugando al papa y a la mamá o similares, si bien los controlan, les parecían asuntos naturales pues en esos juegos se validaba el hecho de que se estaban evidenciando heterosexuales. Porque entonces cuando esos amores de infancia, igualmente puros e ingenuos y entre niños de la misma edad, son hacia su mismo sexo, se tornan en la mirada de los adultos como perversos y necesariamente, por tanto, deben ser orientados, sanados, truncados, dirigidos hacia lo recto: la hetero-normatividad. Ni siquiera nos permitimos generar la duda sobre su inocencia. ¿No es esto un acto de la peor violencia sexual contra niños y niñas, el señalarles como perverso su inocente acto de descubrirse diversos sexuales, en el despertar de su sexualidad?

Desde ahí, la familia, la cultura y la patria, en cabeza de sus moralistas legisladores, de sus ejércitos legales e ilegales nos condenan a cadena perpetua. En la prisión inmensa de un, hogar, de un barrio, de una ciudad, de un país, donde nunca pudimos ser lo que sentíamos que deberíamos ser. Medellín, octubre de 2008


[1] Violencia de género en la Universidad de Antioquia. Fernandez Sara Yaneth, Hernandez Gloria y Paniagua Ramon.

[2] Ibid


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2 Respuestas a “¡Cadena perpetua contra violadores de menores! …¿Y a nuestros padres y mayores quien los condena por su abuso sexual y muerte o complicidad en los crímenes de odio contra menores de las diversidades sexuales?

  1. MUY BUENO… MUY INTERESANTE…NO SE SI LEISTE EL ARTICULO HOMOSEXO Y CARNAVAL PUBLICADO EN BARRANQUILLA, ESE CRITICO A SU VEZ UNO MIO DENOMINADO “HABRASE VISTO… BARRANQUILLEROS INTOLERANTES” PUBLICADO EN
    http://ricardomontenegro.blogspot.com MI BLOG.

    ABRAZO
    RICARDO M-V

    NO SE SI VISTE TAMBIEN ESTE DE CABALLERO… INTERESANTE
    El taxista expiatorio

    No es posible mostrar que se paraliza el país ante el asesinato de un niño. Un país en el que se asesinan, en medio de la indiferencia general, a cientos de niños al año.
    Sábado 4 Octubre 2008

  2. Pregunta para abogados: ¿Los menores de 14 años no tienen derecho a ejercer su sexualidad? Porque la Ley cae con todo el rigor contra personas que se relacionen sexualmente con ellos… Aùn en relaciones consentidas, hay severo problema…
    Miinquietud va màs en favor de los menores en cuanto al ejercicio libre y consentido de su sexualidad… como que lo tienen bastante difìcil, legalmente. José Alonso

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