¡Frescos! Yo soy del otro equipo ………………….. Una política diversa frente a la caza de votos maricas en Colombia

A propósito de las calenturas preelectorales

Somos en su imaginario seres inferiores o de menor categoría, instrumentos para su juego politiquero.

– Aunque, te aclaro que yo soy muy varón…
me gustan las mujeres como un putas.
Pero, no tengo ningún problema con la gente así…como ustedes.
Pues, con los gay.
Como dicen por ahí, cada quien hace de su culo un balero. (Risa socarrona)
Y yo los respeto en sus decisiones.

Mi cabeza asentía en una pausada actitud de prudencia que a mí mismo me impresionaba. En otras circunstancias lo habría vaciado y luego mandado a comerse la mierda que estaba vomitando. Pero esa no era la vía. A esto nos ha llevado, reflexioné, la necesidad de participar del juego y de la estrategia política, con unos seres que poco o nada se piensan las realidades de la vida más allá de sus aspiraciones de poder. Por eso, mejor verle el lado bueno al asunto, las buenas, aunque idiotas, intenciones actuales, que termina por sumarle más a la causa, que un enemigo a futuro. Un enemigo político que, lo más probable, pueda estar en muy corto tiempo siendo parte de la clase dirigente del país y por ende, siendo juez determinante de nuestro futuro.
Este tipo de palabrerías son el pan de cada día, durante los encuentros con aspirantes, de todo tipo, a las corporaciones públicas. Lo peor, es que quienes las pronuncian, ni siquiera se percatan de lo irreverentes que están siendo con nosotros, sus electores e interlocutores de la diversidad sexual. Chistes o comentarios flojos, como lo del balero, antes que ratificar su supuesto respeto y apertura mental, evidencian esa homofobia recalcitrante, con que les ha marcado la cultura y que les hace sentirse autorizados para denominar nuestras intimidades sexuales , desde una postura para ellos casi natural: el lenguaje del macho social y cultural, arrasador y determinante. Pero más allá de sentirnos agredidos o no, sus discursos cotidianos para con nosotros, son además la evidencia de cómo realmente nos ven y nos perciben. Con esa misma óptica y criterio, sopesaran cualquier propuesta futura, al tratar de participar de tu a tu, como sujetos políticos, en sus instancias de gobierno o de legisladores.
Por eso, el asunto del lenguaje, debe ser tenido en cuenta al momento de hacer negociaciones políticas o de facilitarles el acceso a la representación sectorial. Tenemos que establecer negociaciones políticas, más allá de la palmada en la espalda, de los afectos susurrados al oído, de frases de cajón como “yo los respeto, para mí todos somos iguales” y trascender hacia la exigencia de unos compromisos públicos y claros, especialmente desde su discurso cotidiano, para que efectivamente, la inclusión sea una regla permanente y desde ya. No una simple intención a futuro: “cuando tenga la curul, miramos que hacer”. En una negociación de este tipo gana, con toda seguridad y desde ya, el Sector. Pero sobre todo, es un aporte efectivo al respeto social, cultural y legal por las diversidades. A la convivencia y la vida.
El otro tipo de negociaciones, si además cumplen, terminas convertidas en simples favores de conveniencia individual (puestos públicos, contratos, apoyos particulares) que, antes que aportarle a la construcción de sujetos sociales en dignidad, fomentan mayores divisiones hacia sub grupos “políticos”, que poco o nada le aportan al avance sectorial. Degeneran, además, en acciones públicas engañosas, donde los gremios favorecidos hacen creer que sus beneficios son una ganancia para el Sector LGBT: zonas exclusivas para el gueto, Bulevares, pauta oficial en medios de comunicación “sectorial”, campañas de “rumba” o “sexo” “seguros”, y muchos otros, que no trascienden los escenarios de la noche y del divertimento, desde se nos ha vendido y mantenido el único o el mejor estilo de ser gay, lesbiana o trans.
Los discursos politiqueros tradicionales de pan y circo, cobran vigencia por estos tiempos de consecución de votos. Y para el caso LGBT, parecieran simplemente transformarse en rumba, sex y pasarelas multicolores. Bonitas y despampanantes rumbas de campaña en las mejores discotecas gay de las ciudades, que llenan de sofisticadas notas rosa los medios de “comunicación” del sector LGBT. Pero, ¿y dónde quedan las propuestas reales para las tantas y tantas personas diversas, ciudadanos y ciudadanas que no confluyen en la noche y la rumba, ni en las pasarelas? ¿A ellos y ellas quiénes les están haciendo eco de sus reales necesidades sociales?
Un discurso incluyente y realmente sentido por parte de nuestros candidatos, tendrá como consecuencia lógica, que un mayor número de personas de nuestra población LGBT, por fin, dejen de ser Maricas y participen a plenitud y con responsabilidad de una democracia cada vez más cerca, damos ya el tercer paso al desbarrancadero, hacia la “hecatombe”.

– Le agradezco mucho, señor candidato, su  amabilidad al invitarme a trabajar con su equipo político pero antes que sumarme a sus propuestas, permítame mirar pública y particularmente, como estamos realmente incluidos allí, como diversidades sexuales.
¡Ah!, y sin ningún compromiso, permítame asesorarlo junto con su equipo, sobre eso de
SER Marica.
Con toda seguridad que se cuidara más en el lenguaje y podrá terminar por seducir o persuadir a los muchos y muchas LGBT de la ciudad,
que en últimas no somos tan
maricas.
Y finalmente, no se preocupe por el Partido político en el que milito, ni por el color que determinará mi voto en elecciones.
Por lógica de vida y social, jamás podre ser de derecha, ni marchar enfilado en ningún ejército armado.
Tendré, además, como símbolo, una bandera multicolor.
Y para su tranquilidad y la de quienes temen que me les meta en el negocio,
la cultura me lo ha dicho hasta la saciedad:
yo soy y seré siempre del otro equipo.


[1] Reducen, encuadran y limitan la identidad y la sexualidad homosexual masculina, a un hombre al que le dan por el culo. Con la consabida relación a lo escatológico, sucio y a la sumisión o pérdida del poder del macho. De entrada en el lenguaje, están poniendo al interlocutor -marica- es una posición inferior y degradada.

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