Confesiones de un “cacorro” asesino de maricas…Dicen que Jesucristo los liberó de culpas y hasta razón tendrán, eso pasa a diario

A propósito de estas epocas de reflexión cristiana


– Entonces que parcero, va invitar a la fiesta

Esas palabras en tono suave y una extraña coquetería en el rostro, sumado a los muchos aguardientes que tenía encima, no me llevaron siquiera a preguntarme el porqué de ese cambio repentino de actitud en Julio, uno de mis jóvenes vecinos del barrio.  Me abordó mientras compraba algo de mecato en una esquina cercana, a mitad de una fiesta de amigos en mi casa.
El ventorrillo improvisado, atendido por dos mujeres viejas, estaba atestado de gentes al tope de sus borracheras o muy embriagadas como yo. Y los olores de los fritos callejeros, provocativos y provocadores, inundaban el ambiente. Aun así, no lograban disminuir la fuerte loción de macho de barrio bajero que se había puesto el vecino, cada vez más cerca mío y conversándome al oído. Típica escena de borrachos. El perfume, me generaba todo tipo de fantasías sobre la piel escondida entre sus ropas, bien combinadas e impecables. Pero el freno de mano actuó, aún, a la perfección a pesar de los tragos y preferí poner mis pensamientos en sus detalles externos.
No es usual este tipo de ropas y combinaciones en el barrio. Pero a este encantador morenito, lo había visto pasar infinidad de veces con pintas muy parecidas y con una seriedad y calma que para nada se compadecían con la realidad de su familia alborotada y alborotadora. Julio, hasta esa noche, era para nosotros como una ficha fuera de lugar en ese rompecabezas del caos que circundaba nuestras vecindades de barrio popular. Razón demás para no negarme a su petición. Fritos en mano salimos rumbo a mi casa.

Mar y luna, mar y luna, mar y luna de mi amor, como una, como una, como una ensoñación”…”aquí en Londres, existen muchos sitios que tienen renombres…vamos a ver si usted vienen para Londres”. Los ritmos de salsa y tropical inundaron por horas el espacio. Además de la sala, la cocineta, el cuarto, el baño, el patio de ropas y hasta las aceras vecinas, estaban saturadas de la música a alto volumen. Y los coqueteos se dejaban ya ver entre las personas asistentes, no muchas, pero si muy ruidosas, algunos incluso tratando de escaparse a los espacios más solos de menos luz para avanzar en flirteos y quizá roces de mayor cercanía.  Mientras, Julio, ya había expuesto sus cartas. Me expresó que por varios días, venía mirando con deseo a una de mis compañeras de apartamento y esa noche pretendía, como efectivamente se dio, que fuera su compinche para la conquista.
Casi a la madrugada los ritmos musicales y de los cuerpos, fueron cambiando…también las inhibiciones, que para mi caso no eran muchas, y a la par con mis pares gays, nos fuimos tomando las danzas, los rincones y las escenas, pasando de ritmos bailables a los tradicionales de desengaño y despecho. “la gente me señala, me apunta con el dedo, susurra a mis espaldas y a mí me importa un bledo… a quien le importa” … “de mis desengaños todos estos años es testigo dios… usted es un  mal hombre sin nombre, señor”. Al final, casi con la luz, los ritmos eran ya muy tenues y con Julio y mi amiga nos centramos mas en una conversación de amigos, que si bien parecía bastante cuerda, seguía mediada por la presencia del licor en nuestros razonamientos. Otro estado típico de borrachos que se desinhiben en el discurso.  Y fue allí, en medio de la confianza de tragos y de euforias, que Julio me confesó lo que había hecho por varios años. Seducir y encantar locas, para luego asesinarlas. En su gran mayoría, por encargo. Un sicario de cama.

  •  Por lo general, después de reconocer al cliente, me ubico en la barra, sólo e inicio el coqueteo, que puede llevarme una o varias noches e incluso encuentros románticos previos para conocer la rutina del man, ganarme la confianza y planearlo estratégicamente. Los sitios donde más clientes he sacado son en San Juan. La mayoría de los que me pagan, son otras locas a quienes se les han metido con los maridos o algo así, pero otros amigos también lo hacen por robarles o por rabias de sentirse utilizados…

Del vecino de barrio no volví a saber en varios años. Tal vez en razón de su confesión de borrachera, que por supuesto tenía muchos más escabrosos  detalles, o de haberse desencantado por mi amiga que no sucumbió a sus deseos. Me pareció verlo, a lo lejos, desde el bus, algo desmejorado, aunque igualmente bien vestido y con una biblia bajo el brazo. Efectivamente al indagar, me contaron de su pertenencia a una iglesia cristiana.  Según comentaban, Jesucristo lo había salvado de las garras del pecado y le había sanado sus pecados. Entro a la iglesia como parte de un combo grande de pelaos que, fueron seducidos a estas corrientes luego de la falsa reinserción, para la que fueron reclutados y convencidos, para hacerse pasar por  paramilitares. Después cada uno tenía un sueldo y barrían las calles, claro además cobraban vacunas…perdón colaboración.
Pero bueno, pensé, a lo mejor tienen razón, debe ser verdad que ese dios les perdona, como a los tantos políticos y corruptos de este país que vemos en las ceremonias de semana santa rogando por sus pecados. Después tendrán un año más para cargarse de nuevo con culpas.
Imagine, a su lado en los cultos o procesiones, cuantos familiares y amigos de maricas asesinados en crímenes de odio, al tiempo le piden perdón a dios por nuestros pecados. Eso nos pasa en últimas ¡por maricas!

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Una respuesta a “Confesiones de un “cacorro” asesino de maricas…Dicen que Jesucristo los liberó de culpas y hasta razón tendrán, eso pasa a diario

  1. A mí me hubiera dado de todo oír esas palabras de alguien… y como dicen por ahí “el que peca y reza empata”

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