La “imagen-política” en la mirada de un simple marica de barrio que ve a esa otra Medellín ………… -innovadora- desde las alturas.

A propósito de la lectura del libro Luchas de representación

Renombrarnos, no busca responder para corregir la caricatura
que de nosotros se ha hecho -contestatario-,
sino, reconocer y producir formas de visibilizar
nuestra propia información. 

Sueños de marica en las alturas

Sueños de marica en las alturas


–  Hoy he comprado tiquetes for vuelos a Colombia voy a viajar con mi novio tu puedes darme informaciones sobre que tenemos que saber de viajar como pareja gay? por ejemplo: que pasa si nosotros queríamos besar en público o algo así soy poco preocupado. (Benjamín, vía face)

Benjamín es un exitoso joven profesional gay de Alemania, a quien conozco de la página de intercambios de viajeros de Couchsurfing. No tuve que pensar mucho para responderle, teniendo en mente, claro, a Medellín. Solo algunas indicaciones generales, como cuidarse, igual que en cualquier ciudad del mundo. Y le expresé mi apreciación particular de que, en general, las zonas turísticas de mi país son bastante Gay friendly, pero que aun así, debería tener siempre a mano, contactos de activistas y de la policía enlace. Y por último, lo invité a revisar mi historial de vida en las redes sociales, para que le diera un mayor referente con relación a mi cotidianidad: Como verás, vivimos muy libre, con frescura y naturalidad, nuestro día a día.

–       bueno así puedo respirar de nuevo mi papá me hizo un poco miedo pero pienso que es porque él vive aquí en Alemania desde 20 años pienso que cosas cambiaron un poco en Colombia

No me equivoque. La pareja de jóvenes alemanes, disfrutó nuestro país sin inconvenientes, incluido su paso de tres días intensos por esta ciudad y por nuestra casa. Ya solo me quedaba retomar mi rutina de vida sin visitantes.

Al otro día, abajo, muy de mañana, Medellín saturada de grises, parecía asumir con silencios los  muchos aplausos y unos cuantos señalamientos, luego de ser notificada como ciudad innovadora, en competencia con Nueva York y Tel Aviv en el concurso de Wall Street Journal. Han pasado ya algunas horas del anuncio cuando la observo a través del ventanal amplio, del tercer piso de nuestra casa, arriba en las montañas de Robledo. Una mirada más, casi de reojo, de este marica de barrio, durante mi tradicional rutina de lectura matutina.

Adivino, entre nubes nuestros sueños comunes. Los de ella, la ciudad, y los míos, el marica, más comunes que inversos. Anhelos, de una construcción colectiva de ciudadanía que nos permita seguir transitando o al menos anhelando transitar,  por esta vida diversa, con un código básico: el de la convivencia en el respeto, en el buen vivir.

Recostado en la hamaca, sosteniendo en las manos el libro de Gerylee Polanco Uribe y Camilo Aguilera Toro. Retomo la lectura. Son muy pocas páginas, menos de 20, las que me faltan para terminarlo. De principio a fin, he hallado sintonía del texto, con lo que busco, lo que buscamos, para el desarrollo de la cátedra de Radio Comunitaria de la que soy docente en la U.de A. Pero además, me ha permitido reflexionar, repensar, el sentido de esos asuntos de mi activismo cotidiano. No agrupado, no colectivizado, aunque sí de masiva circulación y movilización mediática y en las redes sociales.

Este ultimo capitulo, por ejemplo, sentidos y prácticas de la imagen- política, aunque se refiere en lo particular a la producción audiovisual, puede aplicarse de manera general a cualquier tipo de mediación comunicativa, en especial aquellas que propiciamos desde los llamados medios alternativos, comunitarios o ciudadanos, pero también en particular desde o con los activismos de mediación comunicativa como el que vengo desarrollando desde 1991.

Afuera el trinar de los pájaros, multicolores, orquesta mis lecturas, mis reflexiones. Y en mi cabeza, entonces, episodios recientes, la vista de los alemanes y otro durante una cena de amigos, confluyeron para ponerme a pensar. En aquella cena, alguien, luego de reconocerme, me manifestó públicamente su admiración.

–       cuando lo escuché -dijo-, refiriendo uno de los tantos  testimonios cotidianos, que círculo, ya de manera un tanto desprevenida y casi como ritual, en medios y redes sociales, me llené de motivos y razones para interpelar a la vida.

Se refería a su vida cercana, claro, familiar, de amigos y evidentemente, del entorno de sus relaciones amatorias, donde como hombre, se venía reconociendo en sus diversidades de identidad sexual.

El aroma del café, aun humeante a mi lado, ambienta mis remembranzas y lectura. Tres sorbos largos y centré mi atención de nuevo en el texto. Un concepto que he mirado con recelo a lo largo de estos más de 20 años de activismo: comunidad, más exactamente, construcción de comunidad llamó mi atención. Nunca -que palabra tan dura-, estuve de acuerdo con ser nombrados así. Mejor sector poblacional de las diversidades sexuales, de género o de identidades asociadas. Incluso, hasta simple y despectivamente, de los y las maricas. Pero comunidad me refiere al gueto. A ese tedioso sistema de grupos del que siempre he huido, o he querido huir. Colectivos, que, aunque pregonen apertura, suelen en sus principios ser normativos y conductistas, hacia una o unas maneras particulares del deber ser. Al mejor estilo de sectas o iglesias dogmaticas, terminan por establecer fronteras, ni siquiera invisibles como pregona la realidad actual de los barrios populares de Medellín, sino categóricamente determinadas y deterministas. “sos de acá o no sos”… “perteneces o no perteneces”. Marcan, etiquetan, proponen e imponen, modelos únicos, hegemónicos, para ser y hacer. Y, en muchos de los casos, hasta vacunan, otra palabreja de nuestra realidad nacional. Imponen de manera sutil o directa,  cuotas -diezmos- de participación. Políticas y hasta económicas.

Pero hoy Comunidad, toma desde el texto y mi tejido de vivencias, otro sentido. Pregonar lo que hago, que para muchos sigue siendo el grito –loca gritona dicen- la bulla, o el autohalago, es en ultimas una manera de construir, de reconstruir comunidad de vida, desde la perspectiva de derechos como persona diversa. Como sujeto homosexual.

Ese que me dice, que nos dice: “conocí al ciudadano gay y su familia y me impactaron, me pusieron a pensar”  me ratifica lo que he buscado, hemos buscado. La rectificación en las miradas, desde la exigencia de derechos, pero en el hacer haciendo. Es decir ganándome, ganándonos, a pulso del día a día, ese respeto en dos vías, la de exigir, pero también la de proponer.

Tenemos claro que no somos modelos, pero si referentes para provocar nuevas rutas, miradas propias y transformar las percepciones que como comunidad lgtbi, tenemos de nosotros mismos y de nuestras realidades.

En ultimas una estrategia cotidiana, para restituir, o mejor en nuestro caso, instaurar, construir, medios de expresión simbólica que nunca se nos han dado ni posibilitado. Maneras de mostrarnos familia, de mostrarnos felices y realizados en nuestra vida social e intima.

El amigo alemán y su pareja, o el chico de la cena de amigos, o muchos otros y otras, podrán entonces decir que un día conocieron y sintieron las cotidianidades de un marica feliz, y podrían atreverse a conquistar e imponer, sin violencia, sino con actitudes de vida, sus propios referentes de respeto, auto-respeto y realización personal y social.

La bulla, mi bulla de loca gritona, a diario, es el modo de hacer política en y por mi comunidad de pertenecía y de vida, mi modo, nuestro modo, de sucumbir a la invisibilidad y el silencio.

Abajo, en el primer piso, los acordes musicales de la radio en la emisora comunitaria que dirijo y el llamado a desayunar de los hombres homosexuales que me acompañan como familia, me vuelven a la realidad. Además he terminado de leer el libro. Miro de nuevo por la ventana mientras me paro de la hamaca y pienso. Gracias al libro a sus autores por afianzarme en mis razones desde la investigación y las teorías, para continuar en mi propósito político y cotidiano de ser un marica feliz.

Pero además, pienso que, en esa Medellín, ya menos salpicada de grises por la salida del sol,  como en mi vida, no todo es color de rosa, pero ella, la ciudad y yo, un marica más de barrio que mira desde las alturas, seguiremos seguramente luchando colectivamente e individualmente, en pos de esos sueños innovadores y diversos, para y por la vida.

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