¿Qué hacen los hombres juntos?

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La ciudad y la noche vista desde nuestra intimidad expuesta en las lomas de Robledo

A propósito de algunas lecturas sobre Foucault en “¿Qué hacen los hombres juntos?
…les resulta intolerable que los homosexuales desarrollen vínculos imprevisibles…relaciones intensas y satisfactorias pese a que no se amolden al tipo de relaciones establecidas. Relaciones que no comporten exclusividad o fidelidad. Puesto que las relaciones que pueden surgir son punto menos que imprevisibles. Y todo apunta a que se producirán cambios mucho mayores en las costumbres a medida que los homosexuales vayan expresando sus sentimientos mutuos de formas más variadas y delineen nuevas formas de vida. Que no repitan los modos institucionalizados.

 

Hombres amantes y compinches de la vida

El hombre a mi lado, muy joven y recién casado -me había acabado de enterar-, era la primera vez que llegaba a uno de nuestros encuentros de vecindad. Me miró con cierto dejo de malestar o desconcierto en su expresión. Apenas salía de su sorpresa después de escuchar a otro vecino, en su paso hacia el baño, gritar a boca llena y seguido de una sonora carcajada y de la sonrisa tímida de su novia, también en nuestra meza: “estos degenerados viven muy bueno, dicen que donde hay pa uno hay pa todos. Yo estoy que le propongo lo mismo a esta mujer”
Las carcajadas fuertes hicieron eco en cada rincón del local de comidas rápidas. Un ritual, por demás, propios de las esporádicas noches de encuentro de sábado en este mismo local. Sorprendido y sin poder inferir algo, observaba con detalle nuestra libertad pública de afectos y discursos y lo inadvertido que pasaban para el resto presentes. Incluidos niños y niñas y adultos mayores. Una escena común en esta confluencia de familias – incluida la nuestra de hombres en poliamor- y otras muchas parejas de novios del entorno en que vivimos. La calma entonces, tras la coyuntura del comentario jocoso, fue el momento para interpelarme:
– Manuel José, me preguntó en tono amable y medio de tragos, sus tragos, sin disimular la expresión ¿Y entonces ustedes piensan que el resto de gentes deberíamos acoger como modelo ese estilo de vida? ¿ser como los gay?
Antes de percatarse que era marica y posiblemente como una manera de generar cercanías me había indicado que le mirara “el culote”, según él a una de las chicas que transitaban aquel espacio. Me sonreí, entonces, para indicarle que era bienvenido y llamo a su esposa a la meza. Ni se atrevió a modular cuando en segundos, el grupo en pleno se encargó de hacerle caer en la cuenta que yo estaba junto con mis dos compañeros de vida amorosa y afectiva -Víctor y Alejandro-. En mi cabeza los previos, se mezclaron con la pregunta y solo sonreí en silencio al igual que a su llegada.
Así soy. Así somos nuestra familia. Pensándonos en silencios en medio del bullicio, incluido nuestro bullicio de articulación al grupo social que habitamos. Habitando una vecindad y a veces una sociedad, donde nosotros somos los únicos maricas. Bueno, digamos mejor, familia pública y abierta de hombres homo afectivos, para no herir susceptibilidades. Una postura libertaria que poco o nada encaja en ese modelo gay decente, ni tampoco en el clandestino de esperar la ebriedad para complacerse en lo sexual o seudo afectivo. Y que mucho menos, encaja en el modelo decente de ser heterosexual y familia heterosexual. No esperamos, por ejemplo, borrachos ni a estar borrachos, para expresar nuestros afectos, entre nosotros y con los otros/otras.
Y en particular, al no tener nada escondido, no tenemos temas vedados en las conversaciones públicas. Tampoco tratamos nunca de convencer con nuestras posturas. Simplemente somos. Tanto en la intimidad, como con las parentelas, y por supuesto, sobre todo en escenarios como este de sábado en lo público colectivo o intimo.
Nuestros afectos son eso afectos, no puestas en escena genitales para llamar la atención. Y entonces provocan conversar. Conversar de eso que no se habla. Bueno, que las mujeres pocas veces hablan, y que los machos presentan escondido frente a ellas. Con nosotros, unos y otros, unas y otras, pueden preguntar de eso que se quiere saber pero que poco o nada se sabe. Volvemos cotidiano lo que, en últimas, debería ser cotidiano.
Y muchos y muchas se sienten revolucionados. Algunos logran trascenderlo. Otros/otras, ante la posibilidad de que ellos o sus mujeres pierdan esa comodidad. La de la mirada preestablecida. Se van retirando. Y como no es el gueto ni el dogma. Otros y otras llegan. O piensan, se calman y regresan.
En uno u otros casos, al final nosotros regresamos a nuestra intimidad familiar. A consentirnos como siempre en nuestros afectos y compincherías, de hombres que nos amamos. Así, por 15 años yo, Manuel José, con Alejo. Y por 10 años, con Alex Esneyder y en los recientes 3 años con Vikhugo. Y siempre estamos ahí. Una familia más del vecindario. De la vida Diversa que conversa. Es nuestra propia revolución. Nuestro propio estilo. Sin modelos. En libertades. Sin encajar ni pretender ninguno de los guetos sagrados.
Al respeto, dice Foucault en “¿Qué hacen los hombres juntos?”: Las caricias en público. O que vistan estrafalariamente o con ropas llamativas…Esas cosas, están llamadas a molestar solo a ciertas personas. Pero a muchas (incluidos homosexuales, agrego yo) les resulta intolerable que los homosexuales desarrollen vínculos imprevisibles. El temor general de que los homosexuales desarrollen relaciones intensas y satisfactorias pese a que no se amolden al tipo de relaciones establecidas. Relaciones que no comporten exclusividad o fidelidad…Puesto que las relaciones que pueden surgir son punto menos que imprevisibles…Y todo apunta a que se producirán cambios mucho mayores en las costumbres a medida que los homosexuales vayan expresando sus sentimientos mutuos de formas más variadas y delineen nuevas formas de vida. Que no repitan los modos institucionalizados. PDF competo adjunto en http://www.cermi.es/es-ES/Coleccion…

 

 

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